Belorado

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Historia

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Belorado se ubica al este de la provincia de Burgos, pr√≥ximo a la Rioja, en la falda de la Sierra de la Demanda.  Su situaci√≥n es estrat√©gica al ser el paso natural entre el valle del Ebro hacia la Meseta durante la Reconquista.

Los or√≠genes de Belorado (Bellumfori) quedan reflejados en los yacimientos celtib√©ricos (autrigones) como es el caso de "La Muela" y romanos existentes, como es el caso de "La Mesa", o bajo las actuales ruinas de su antiguo castillo. Especial importancia tiene la v√≠a romana que desde Cerezo de R√≠o Tir√≥n (Segasamunculum), siguiendo por el denominado Camino Viejo, paralelo al r√≠o Tir√≥n, llegaba a Belorado, cruzando el citado r√≠o por el lugar del Puente Viejo cuyos restos se sit√ļan junto al actual, accediendo al cerro de "La Mesa", donde se encontraba el oppidium romano antecesor de Belorado (Ab√°solo, 1974: 11). Desde all√≠ probablemente arrancar√≠a otro camino secundario que comunicar√≠a con Auca (Villafranca Montes de Oca).

Los restos de ésta época hallados a lo largo del tiempo son variados: un magnífico conjunto epigráfico de estelas funerarias, tesela hospitalis, vasija de grandes dimensiones,aras votivas, monedas....

Con la conquista por parte de Alfonso I de todo el territorio de la zona Oca- Tir√≥n, se erige la fortaleza de Cerezo de R√≠o Tir√≥n con el fin de detener las primeras avanzadas √°rabes. Quiz√° la fortificaci√≥n de Belorado se levante en este momento, ya que la existencia del cercano monasterio de San Miguel de Pedroso (759), demuestra que la regi√≥n fue  repoblada tempranamente, a pesar del cercano peligro musulm√°n.

Sin embargo estas campa√Īas musulmanas, es especial la protagonizada por Abderram√°n I (759) que penetra hasta territorio alav√©s, dejaron el territorio semidespoblado hasta finales del siglo VIII y comienzos del IX, inici√°ndose as√≠ a mediados de √©ste √ļltimo (855-870) la nueva repoblaci√≥n de este territorio. Es en √©stos momentos, durante el mandato de Alfonso III, cuando algunos autores pretenden ver la configuraci√≥n defensiva de la fortaleza del castillo.

Por otra parte, la presencia de las cuevas de San Caprasio atestigua el proceso erem√≠tico en este momento hist√≥rico. Sin embargo, la primera menci√≥n documental referida a la villa es del a√Īo 945, en que se dice que Belorado"era en cabo del condado", es decir, fronterizo con Navarra (Cadi√Īanos, 1987 149).

Cuando a principios del siglo XI Sancho III el Mayor de Navarra modific√≥ el trazado del Camino de Santiago, desde N√°jera hasta Santo Domingo de la Calzada y  Belorado, nuestra villa alcanzar√° momentos de esplendor, participando durante la Edad Media de un amplio desarrollo social y econ√≥mico debido a su emplazamiento en el Camino  de Santiago confirmando definitivamente su personalidad. Su significado como punto importante queda patente en las gu√≠as de peregrinaci√≥n- Americ Picaud la menciona con el nombre de Belforatus o "hermoso agujero"- y la mejora de sus infraestructuras queda reflejado en la mejora de los caminos, realizada por Alfonso VI, la construcci√≥n de un puente sobre el r√≠o Verdeancho y la mejora del primitivo Puente del Canto, sobre el Tir√≥n, atribuido a San Juan de Ortega, as√≠ como el antiguo Hospital de los Caballeros, del cual lo √ļnico que queda en la actualidad es la Ermita de Nuestra Se√Īora de Bel√©n, o la antigua ermita de San L√°zaro (hospital de peregrinos e infecciosos).

Despu√©s de la toma de Ibrillos, el territorio es sumido a los reyes de Asturias y el Conde Fern√°n Gonz√°lez se instala en  Belorado entre 970 y 975.

VasijaLa geograf√≠a hace a Belorado punto de uni√≥n entre la sierra ganadera  y la f√©rtil vega del r√≠o Tir√≥n. Su situaci√≥n  entre Castilla y Navarra  la har√≠an objeto de apetencia de ambos reinos, diversos hechos de armas hablan de destrucciones y conquistas.

Su castillo fue plaza fuerte del Cid, y fue entregado como dote de bodas del rey Fernando I (primer rey castellano), al casarse con Jimena.

En el siglo X, el primer conde castellano independiente, Fernán González, como agradecimiento de que en Belorado le libraron de los hierros con los que le tenía preso el Rey de Navarra (como dice el poema de Fernán González), concedió a la villa el privilegio de celebrar mercado los lunes, costumbre que anima todavía la plaza mayor porticada.

Belorado entrar√° en la historia del siglo XII, tras la muerte de Alfonso VI (1109), en un periodo de enfrentamientos generalizados con el comienzo del reinado de do√Īa Urraca y su esposo, el rey aragon√©s Alfonso I el Batallador, dando lugar a un nuevo periodo b√©lico en todo el territorio castellano. As√≠ en 1114 Alfonso I se apodera de los castillos de Belorado, Cerezo, Cellorigo, Villafranca, Petralada, Poza, Burgos, Castrojeriz, quedando la mayor parte de la provincia de Burgos bajo su control hasta su muerte en 1134.

Es en √©ste momento cuando Belorado comienza a adquir imortancia ya que el citado rey concedi√≥ a Belorado su Fuero (1116, agosto, 6), de se√Īalada importancia hist√≥rica ya que entre sus beneficios le concedi√≥ celebrar una feria, posiblemente la m√°s antigua documentada en la historia de Espa√Īa. El resultado de estos privilegios ser√° el crecimiento econ√≥mico y poblacional de la villa, especialmente por la aportaci√≥n de francos y jud√≠os, que al amparo del comercio y del camino jacobeo, se establecen en la villa.

En el fuero se conced√≠a execci√≥n de portazgo, el establecimiento de un mercado semanal los lunes y una feria anual or San Miguel, libertad de usar el Tir√≥n, derech a instalar puests permanentes de venta y reparaci√≥n a lo largo del Camino de Santiago, etc. El texto del fuero es elocuente en la percepci√≥n de diversos aspectos importantes de la villa. Por una parte, se manifiesta la existencia de una importante comunidad de pobladores castellanos, francos y jud√≠os, pudiendo √©stos elegir libremente juez; por otra parte, se sospecha la importancia del Camino y las obligaciones que la poblaci√≥n ten√≠a en su reparaci√≥n al indicar que  "et foro de camino , sicut constitutium habuetis antea de vendere atque reparare", adem√°s, la notificaci√≥n sobre la existencia de diversas iglesias, aunque no se relacionan, al eximirlas del pago de las tercias al obispado de Burgos "et de vestras ecclesias non detis alias tertias ad episcopum...et nostros clericos ad nostrum talentum" permite plantear un amplio desarrollo social y religioso de la villa.

Tras la muerte de Do√Īa Urraca (1126) y con el reinado de Alfonso VII se inici√≥ una √©poca de paz y prosperidad en todo el territorio castellano, periodo que se mantendr√° durante el reinado de Alfonso VIII, quien acrecent√≥ los privilegios de Belorado, quiz√° como consecuencia de su residencia durante alg√ļn tiempo en la villa. Belorado es cedida por el monarca en 1170 en arras a su esposa, pero de nuevo en 1188 la entregaba en dote a su hija Berenguela ante su posible matrimonio con el infante Conrado, hijo de Federico I de Alemania (Cadi√Īanos, 1987:149) 

Sin embargo, tras la muerte de Alfonso VIII, se origin√≥ entre los nobles castellanos un proceso de luchas intensivas para hacerse con la tutor√≠a del infante don Enrique y a su vez por el control pol√≠tico de Castilla. Con la llegada al trono de Fernando III (1217-1252), el nuevo monarca pretende controlar la situaci√≥n, para lo cual obliga a los Lara a renunciar a las tenencias que ven√≠an disfrutando en el reino de Castilla, entre las que se encontraban las fortalezas de N√°jera, Cerezo de R√≠o Tir√≥n, Belorado, Villafranca Montes de Oca y Pancorbo. El Conde de Lara se declara en rebeld√≠a, sus huestes entran en el alfoz de Belorado destruyendo por completo la villa y su castillo y sus habitantes son quemados y matados: "...et vivieron a Bilforado, e mataron y omnes e quebrantaron la villa e robaron e levantaron quanto y fallaron, e quisieron quebrantar las eglesias, e vinieron a Santa Maria por quebrantar la eglesia, e cegaron y omnes, e non quisieron yr quebrantar ninguna eglesia de la villa, e fueronse de la villa..." (L√≥pez Bernal, 1907: 139-140). La villa fue levantada de nuevo en 1.222.

Su desarrollo fue en aumento y a principios del siglo XIII, en el reinado de Alfonso VIII, por privilegio real, pudo el Concejo de La Villa usar sello que legitimara sus documentos.

A la  mitad del siglo XIII la villa era muy populosa y rica como atesta el elevado n√ļmero de iglesias. En 1247, adem√°s de la de Santa Mar√≠a la Mayor, se mencionan las de San Nicol√°s, San Pedro, San Miguel, San Mart√≠n, San Lorente, Santa Cruz, San Andr√©s y Santa Mar√≠a de Bel√©n. De esta larga enumeraci√≥n fueron iglesias parroquiales en la Edad Moderna la de Santa Mar√≠a la Mayor, la de San Pedro y la de San Nicol√°s. En la actualidad subsisten dos, puesto que la de San Nicol√°s se cerr√≥ al culto hacia 1908 y de ella s√≥lo quedan  restos.

 

De manos del rey  Alfonso X "El Sabio"(1252-1284) a los cuatro a√Īos de ocupar el trono, Belorado recibir√° importantes privilegios de car√°cter econ√≥mico y social, que ayudan a su repoblaci√≥n, destacando especialmente la donaci√≥n que en 1256 hizo a la villa de gran n√ļmero de propiedades. El gobierno de la fortaleza a finales del siglo XIII pasar√° a don Lope D√≠az de Haro (Cadi√Īanos, 1987: 149)

En 1256 se inició el trazado de un recinto amurallado, se reestructura la población y es considerado un hito clave en la génesis urbana de Belorado. El Rey ordenó trasladarse junto al Verdeancho, bajo la protección del castillo. De ésta manera se obligó a la aljama judía a concentrarse en el exterior de la cerca, en el barrio de la Cal Nueva (call es un término de origen hebreo que vale por "asamblea", "comunidad"al otro lado del riachuelo.

A partir de entonces, la comunidad jud√≠a y la mud√©jar habitaron preferentemente en espacios urbanos diferenciados; el barrio de la Call Nueva se situaba a ambos lados del R√≠o Verdeancho, la actual Calle Mayor, hasta la ermita de Nuestra Se√Īora de Bel√©n. √Čsta ser√≠a la primera vez que las autoridades cristianas de la villa cuidaron de que el h√°bitat jud√≠o permaneciera concentrado, dificultando as√≠ el contacto y la contaminaci√≥n ideol√≥gica de los distritos cristianos.

El espacio reservado para el grupo mud√©jar se localizaba en el actual barrio del Corro, pegado al lienzo de la cerca que delimitaba la poblaci√≥n por el sur, entre la Torre del Homenaje (el castillo) y la puerta de la Caldera, la medieval puerta de Do√Īa Blanca. 

El compromiso de reparaci√≥n de la Torre y de la muralla, hasta el arco de Do√Īa Blanca recay√≥ sobre √©stas dos comunidades, la jud√≠a y la mud√©jar, a cambio gozaron en algunas √©pocas del privilegio real de no pagar impuestos en las arcas reales.     

A comienzos del siglo XIV Belorado experimenta un profundo cambio en su desarrollo urbano. La documentación histórica nos muestra la preocupación que tiene la corona en tiempos de Fernando IV por dicho desarrollo. Es en éstos momentos cuando se ve la construcción de la nueva cerca y la dotación de privilegios y exenciones económicas a la villa que potencian su vitalidad, obligando la reparación del Puente del Canto y el mantenimiento de las murallas y el castillo.

Sin embargo, a √©stos periodos de paz le suceder√°n momentos de incertidumbre y destrucci√≥n. Belorado se vi√≥ envuelta en las luchas civiles protagonizadas por Enrique II y Pedro I "El Cruel", especialmente en 1360, cuando Pedro atac√≥ N√°jera, coron√°ndose rey de Castilla. Belorado se mantuvo fiel a Pedro I, mientras que Enrique II tuvo que refugiarse en Navarra. Seis a√Īos despu√©s, ras la muerte de Pedro I, en 1366, Enrique II, acompa√Īado por Beltr√°n  Du Guesclin y sus Compa√Ī√≠as Blancas, entraron en el pueblo arrasando gran parte de su entorno urbano, debiendo sufir las consecuencias de tales enfrentamientos durante casi veinte a√Īos. La villa perdi√≥ su car√°cter de realengo y se castig√≥ especialmente a la juder√≠a a quien fue agravando con impuestos y trabajos cada vez m√°s humillantes, provocando con su di√°spora  la decadencia de Belorado.

Enrique II entregar√° Belorado, junto con Cerezo de R√≠o Tir√≥n, Haro y Briones, a su hermano Sancho al coronarse en Burgos en 1366. Dicha cesi√≥n es parte de la consecuencia general a la que se vi√≥ forzado el nuevo rey, como pago de las abundantes mercedes a los que le hab√≠an apoyado en su guerra fraticida contra Pedro I. Todas √©stas villas seguir√°n en adelante un proceso hist√≥rico paralelo, ya que su hija, do√Īa Leonor, duquesa de Albunquerque, casada con Fernando de Antequera-intitulado como rey Fernando I de Arag√≥n (1412-1416) tras el compromiso de Caspe-, re√ļne en su se√Īor√≠o un gran n√ļmero de villas y lugares.

El infante don Fernando de Antequera, desde 1402 establece contactos con la corte de Navarra para concertar el matrimonio de su segundo hijo, Juan, con la infanta Isabel. En la dote propuesta se inclu√≠a el se√Īor√≠o de Lerma, as√≠ como los lugares de Haro, Briones, Cerezo y Belorado, junto con las dem√°s villas y lugares que tanto √©l como Leonor de Albunquerque pose√≠an en La Rioja (Mitre Fern√°ndez, 1968: 211). Sin embargo, el fallecimiento de la infanta do√Īa Isabel de Navarra, aunque anul√≥ completamente todas las negociaciones entre ambos reinos, crear√° un nuevo precedente en las pretensiones del reino navarro en √©stos territorios.

A√ļn as√≠, Juan de Antequera recibir√° en 1418 (septiembre, 10) de su madre, do√Īa Leonor de Albunquerque, el se√Īor√≠o en el que se circunscriben las villas de Haro, Belorado y Cerezo, reclam√°ndo a √©stas poblaciones el reconocimiento a su persona como rey y se√Īor. Su matrimonio con la infanta do√Īa Blanca le aupar√° en la corona de Navarra, y pocos a√Īos despu√©s, tras la muerte de su hermano Alfonso, rey de Arag√≥n-Alfonso V El Magn√°nimo 1416-1458-, unificar√° bajo su corona ambos reinos- Juan de Navarra y II de Arag√≥n, 1425-1479-, (Cadi√Īanos, 1987: 149). Sin embargo, tales pretensiones por parte del reino de Arag√≥n, ser√°n anuladas radicalmente por Juan II, quien cansado de las intrigas de los Lara, desposey√≥ a dicho linaje de sus posesiones en Castilla.

A pesar de las pretensiones que el reino de Arag√≥n mantiene sobre dichos territorios, Juan II, otorga la villa de Belorado el ocho de diciembre de 1429 a su Camarero mayor, don Pedro Fern√°ndez de Velasco, (Primer Conde de Haro, 1418-1470), por sus buenos y leales servicios, quien se destaca en la defensa de la frontera frente a las pretensiones navarro- aragonesas. El conflicto sobre la posesi√≥n de dicho se√Īor√≠o s√≥lo se ver√° resuelto definitivamente en 1440, cuando Alfonso V de Arag√≥n renunci√≥ a sus derechos a favor de don Pedro Fern√°ndez de Velasco.

En 1446 se unieron las diversas iglesias de la villa aunque , en el √ļltimo tercio de √©ste siglo, desaparecieron varias de ellas: San Mart√≠n, sita e la actual calle de Raimundo de Miguel, San Miguel en el camino de Redo√Īa y San Lorenzoubicada donde, a principios del Siglo XX se levantaba el matadero.

De √©sta forma Belorado pasar√° a formar parte de la Casa Velasco, un extenso se√Īor√≠o que ocupa en los t√©rminos m√°s cercanos a √©sta poblaci√≥n las villas de Briviesca (1366), Medina de Pomar (1369), Belorado (1429), Quintanaloranco (adquirida por compra a los Rojas en 1407), Monasterio de Rodilla (1412), Cerezo de R√≠o Tir√≥n (1444), Fr√≠as (1446) y las poblaciones riojanas de Haro y Casalarreina. A √©ste ingente patrimonio en la Rioja Burgalesa pronto se le a√Īadir√°n los lugares de Tormantos y de Rojas (1510).

El Conde instituyó mayorazgo en 1458 a favor de su hijo don Luis Fenández de Velasco con la dotación de Belorado, el Valle de San Vicente y otras posesiones. Al morir don Luis en 1496, sin sucesión masculina, se incorporó la villa al mayorazgo principal de la casa de los Velasco, del que era titular don Bernardino Fernández de Velasco, Condestable de Castilla y Duque de Frías.

La preocupaci√≥n de los Velasco por su patrimonio en √©sta villa es amplia y queda refrendada en las diversas fundaciones mon√°sticas que protegieron (Convento de San Francisco, Monasterio de Santa Clara, Monasterio de Nuestra Se√Īora de Linares), y en el inter√©s que manifestaron por el estado de ruina de su castillo. As√≠ se desprende de las informaciones que solicitan en 1502 sobre dicha fortaleza, o los informes necesarios sobre las urgentes obras de reparaci√≥n que precisa el castillo, reclamadas en 1531. A su vez, bajo el amparo de los Duques de Fr√≠as, Belorado conocer√° un momento  de esplendor manifestado en sus casas blasonadas y palacios, y en la dotaci√≥n de las instituciones religiosas con ricas obras de orfebrer√≠a.

Al finalizar el siglo XV se producen diversas circunstancias históricas de primer orden en el proceso histórico de Belorado. La primera de ellas tiene que ver con la expulsión de los judíos de los reinos de Castilla (1492) lo que afectó directamente a ésta villa, por la importancia que la aljama judía mantenía en dicha población, así como en las cercanas de Cerezo y Briviesca. Queda atestiguada fehacientemente la presencia judía en el Barrio del Corro, al pie del castillo (López Bernal, 1907: 129-130)

Con la adscripci√≥n de Belorado al se√Īor√≠o de los Velasco se producen nuevos cambios a nivel jurisdiccional en el se√Īor√≠o, que afectan directamente a √©sta villa, ya que a finales del siglo XV el condestable Bernardino exime a las villas de Fresneda de la Sierra y Villanueva, de la jurisdicci√≥n de Cerezo, para anexarlas a la de Belorado, lo que ser√° ratificado posteriormente por la Chanciller√≠a de Valladolid en 1534, a pesar de la oposici√≥n directa de la jurisdicci√≥n de Santo Domingo de la Calzada.

Sin embargo el crecimiento se frena a finales del siglo XVI, especialmente por la p√©rdida de la importancia del Camino de Santiago tras la ruptura de la unidad religiosa en Europa. Durante los siglos XVII y XVIII otros factores contribuyen decisivamente a la p√©rdida de significaci√≥n hist√≥rica de la villa, entre los que se pueden mencionar las epidemias, las crisis monetarias, las malas cosechas, la continua emigraci√≥n, la creciente presi√≥n fiscal, etc. La evoluci√≥n poblacional de Belorado atestigua dicha p√©rdida cualitativa, habiendo pasado en 1587 de 700 vecinos a s√≥lo 314 en el a√Īo 1628, con una leve recuperaci√≥n a mediados del siglo XVIII, donde se contabilizan 402 vecinos, incluidos nobles y clero secular, y en 452 son los vecinos que aporta el Diccionario de Madoz a mediados del siglo XIX.

El devenir hist√≥rico e los siglos XVII y XVIII viene marcado por la aton√≠a generalizada que atraviesa toda la Meseta. La situaci√≥n de Belorado no es ajena a la crisis en todo el territorio castellano. La administraci√≥n de la ciudad queda en manos de la alta nobleza, m√°s preocupada por administrar sus propios beneficios que en consolidar los intereses y privilegios de la villa. Las continuas demandas de numerario por parte de la Corona,la mayor incidencia de las epidemias, las crisis econ√≥micas motivadas por las malas cosechas y la quiebra de la hacienda municipal dieron lugar a la progresiva decadencia econ√≥mica.

Esta situaci√≥n de penuria generalizada fue el causante de una disminuci√≥n general de la poblaci√≥n, como se ha visto anteriormente. Las crisis econ√≥micas, y las pestes fueron comunes a todos los pueblos de Castilla. La falta de actividades productivas conllevaron el incremento de la mendicidad y el abandono de la ciudad en busca de otros recursos, agravando la situaci√≥n la propia emigraci√≥n de un buen n√ļmero de habitantes, debido a factores sociales y econ√≥micos. Dos factores que marcaron definitivamente √©ste abandono fueron, por un lado la expulsi√≥n de los moriscos, y por otro el traslado de gran parte de la nobleza local a la capital del reino, instal√°ndose en Madrid o en Valladolid, quienes recib√≠an de sus  administradores las rentas que obten√≠an de sus haciendas, dejando mermados los escasos recursos con los que podr√≠a contar la poblaci√≥n de la ciudad.

Ya iniciado el siglo XVIII la comarca del Tir√≥n comenz√≥  a rehacerse de las crisis econ√≥micas anteriores. Las actividades en las que se desenvuelve la poblaci√≥n de Belorado en √©ste siglo est√°n ligadas fundamentalmente a los aprovechamientos agr√≠colas y forestales. Aunque  exist√≠an algunos establecimientos textiles de menor cualificaci√≥n, especialmente de lino y c√°√Īamo, su estancamiento industrial se debe principalmente a la excesiva regulaci√≥n por parte del Duque de Fr√≠as, se√Īor de Belorado. √Čstos talleres de pa√Īos remontan sus or√≠genes a la Baja Edad Media y representan la actividad econ√≥mica de un buen n√ļmero de familias.

As√≠ el Catastro de la Ensenada (1752) presenta una actividad industrial bastante escasa, en la que se dice que hay diez molinos harineros " que est√°n y muelen con agua que saca por un cauce del r√≠o Tir√≥n", y dos batanes en el mismo cauce, reflejo de una artesan√≠a textil en la que se ocupan varios vecinos. Por otra parte, la actividad comercial es tambi√©n bastante escasa, en la que √ļnicamente se identifican una taberna, dos mesones, dos posadas, una tienda de abacer√≠a para vender pescado y aceite, y una carnicer√≠a. La existencia de dos mesones y dos posadas nos manifiesta la situaci√≥n estrat√©gica de la villa tanto como centro comarcal, como por ser una importante localidad en las ruta de Burgos a La Rioja.

Iniciado el siglo XIX, Belorado se ver√° inmersa tambi√©n en el conflicto b√©lico de la Independencia, aunque el grado de participaci√≥n en la misma parece que fue escaso, ya que la situaci√≥n estrat√©gica de poblaciones como Pancorbo, Briviesca, Burgos y Logro√Īo, como sedes de acantonamiento de los ej√©rcitos napole√≥nicos, hicieron de la villa beliforana un punto de atenci√≥n secundario. Adem√°s, la manifiesta actitud pro-francesa del Duque de Fr√≠as, quien lleg√≥ a firmar la Constituci√≥n de Bayona, hizo que sus posesiones fuesen en muchos casos respetadas. A√ļn as√≠, parece ser que se ocuparon algunas de las principales casas y conventos de la ciudad, y de la misma manera se comprenden las escasas actuaciones de los guerrilleros espa√Īoles, quienes, al mando de Francisco de Longa, atacaron la villa y la comarca de Belorado con el √ļnico fin de reanudar escasos botines monetarios o de abastecimiento para sus tropas.

Por su parte, Madoz nos presenta a mediados del siglo XIX, un pueblo eminentemente agr√≠cola, con alguna actividad industrial menor: "una f√°brica de pa√Īos, 13 molinos harineros, una tener√≠a, varios talleres de sayal, algunos tejedores de lienzo, tres hornos de alfarer√≠a al pie del castillo y bastantes de pan" tejido de lino y c√°√Īamo, a la vez que  se menciona una parada de postas por estar ubicada dicha villa en el camino de Madrid a Francia.

La despoblaci√≥n de toda la cuenca del Oca- Tir√≥n durante los a√Īos 60-70 del siglo XIX nos manifiestan una realidad en proceso de profundo declive, con el consiguiente abandono de los pueblos a favor de la reactivaci√≥n √ļnicamente de sus enclaves principales, especialmente Briviesca, Belorado y Pradoluengo.


SELLO DEL CONCEJO DE BELORADO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BELIFORANOS ILUSTRES

 

SIM√ďN RUIZ EMBITO

 

Simón Ruiz Embito nació en Belorado (Burgos) aunque no consta con seguridad si a finales de 1525 o a comienzos de 1526. Sí está datado su óbito, el 1 de marzo de 1597, en Medina del Campo, la importante localidad ferial donde tenía el centro neurálgico de su activa red mercantil y de comunicaciones postales. Entre los publicistas que se han aproximado a la figura de Simón Ruiz y al ámbito de la actividad económica de su tiempo están, con Henri Lapeyre, Felipe Ruiz Martín y J.J. de Madariaga, algunos más, como A. Sánchez del Barrio y Emilio Olmos Herguedas.

Los estudios de Henri Lapeyre sobre Simón Ruiz Embito fueron de la máxima importancia por las claras explicaciones sobre la manera en que se llevaban a cabo los negocios bancarios y de cambio en el siglo XVI y porque ofrecían una imagen del círculo europeo de corresponsales de los banqueros de Medina del Campo.

El acad√©mico de la Lengua, Valent√≠n Garc√≠a Yebra, recog√≠a un p√°rrafo sobre el archivo de Sim√≥n Ruiz a partir de ciertos parangones que ‚Äújustifican de alguna manera que Sim√≥n Ruiz prestase dinero a Felipe II y que el monarca utilizase con frecuencia la informaci√≥n generada por la correspondencia del Correo propio del comerciante‚ÄĚ.

 

Los negocios y la correspondencia relacionaron a Sim√≥n Ruiz con financieros europeos de tanto peso como los F√ļcar, los Lomellini, los Sp√≠nola, los Bonvisi o los Balbani. ‚ÄúLo que sobre todo se aprecia -para el profesor Lapeyre- en las cartas que intercambia con los banqueros de Lyon, los Bonvisi y los Balbani, es la excelencia de su informaci√≥n sobre lo que pasa en la Corte de Espa√Īa, un juicio muy seguro sobre la situaci√≥n pol√≠tica cuando se refiere a la guerra de Granada o a los disturbios en los Pa√≠ses Bajos, es tambi√©n una gran habilidad en el arte de especular sobre los cambios o la conclusi√≥n de los asientos‚ÄĚ.

 

 

Durante una primera etapa Ruiz Embito actu√≥ como mercader dedicado a la importaci√≥n y al comercio. Luego ampli√≥ sus actividades de regat√≥n o revendedor de mercanc√≠as y asumi√≥ la labor de financiero con los perfiles propios de la √©poca. Por otras latitudes europeas encontr√≥ oportunidades para el cambio monetario mediante un sistema de letras de cambio (‚ÄĚcambium per litteras‚ÄĚ). As√≠ vino rodada su participaci√≥n en la f√≥rmula de los llamados asientos. Por la inexistencia de un banco estatal y de una Hacienda Real con la representaci√≥n necesaria en los Pa√≠ses Bajos, el soberano espa√Īol hab√≠a de quedar en manos de los hombres de negocios con la implantaci√≥n sustitutoria para garantizar transferencias y asegurar pagos a fecha fija, as√≠ como anticipos para la pol√≠tica y para las acciones b√©licas. Determinados asientos eran concertados, en Espa√Īa, con el Consejo de Hacienda; otros se iniciaban con la firma del Gobernador de los Pa√≠ses Bajos, para su ratificaci√≥n en Madrid.

 

Nuestro hombre de negocios, afincado en Medina del Campo, particip√≥ en los asientos para la Corona entre los a√Īos de 1576 y 1588. Mereci√≥, por tanto, con todo derecho, la consideraci√≥n de mercader-banquero, dentro de la tipolog√≠a descrita por el historiador Raymond de Roover, cuando estudia el mercado del dinero en la Brujas medieval. Dejando a un lado a los usureros, prestamistas sobre prendas y alhajas con elevados intereses, distingu√≠a entre cambiadores y mercaderes-banqueros. Los cambiadores efectuaban el trueque de monedas en met√°lico y ejerc√≠an la banca de dep√≥sito, como antecesores de los banqueros modernos. Los mercaderes-banqueros estaban capacitados, a su vez, para realizar transacciones de divisas mediante la letra de cambio.

La visi√≥n de Juan Jos√© de Madariaga relaciona la actividad cambiaria, en sentido amplio, con el seguimiento de la actualidad internacional: ‚ÄúPara que estas operaciones se llevaran a cabo con √©xito, los comerciantes deb√≠an tener una maravillosa informaci√≥n de los precios del dinero en otras plazas, tanto nacionales como extranjeras; es decir, que en los mejores conocimientos de los cambios resid√≠a todo el intr√≠ngulis de estas operaciones y, por ello, normalmente, a mayor n√ļmero de cartas informativas, m√°s probabilidades de √©xito en el negocio de banco. De ah√≠ que Sim√≥n Ruiz, como todos sus compa√Īeros de oficio, pasara el mayor n√ļmero de horas de su vida sentado en su escritorio, pluma en ristre, husmeando, pidiendo e implorando nuevas misivas que le pusieran al corriente de cuanto suced√≠a. No nos olvidemos que no hab√≠a peri√≥dicos ni revistas informativas. Pero no se trataba s√≥lo de saber c√≥mo se desenvolv√≠a el comercio en el momento de escribir o de responder sino de darse noticias e informaciones sobre sucesos econ√≥micos y pol√≠ticos que pudieran influir en los cambios de la moneda‚ÄĚ.

 

El archivo de los Ruiz -Sim√≥n y su sobrino Cosme- posee un valor excepcional ya que no encuentra parang√≥n en Espa√Īa por lo que se refiere a documentaci√≥n de negocios de la √©poca que provenga de un grupo de empresas de titularidad familiar. Su acumulaci√≥n y conservaci√≥n resultan excepcionales. La correspondencia suma m√°s de cincuenta mil cartas, reunidas desde una larga lista de or√≠genes, en el transcurso de cuatro d√©cadas. No s√≥lo est√°n las misivas recibidas sino tambi√©n copias de una parte de las enviadas.

El a√Īo 1579 supera, en cuanto a movimiento epistolar, a todos los dem√°s, con 2.620 cartas. A lo largo del tiempo se recibieron cartas en franc√©s, en italiano y en portugu√©s; pero en aquellos tiempos el castellano era una lengua extendida por encima de algunas fronteras para las actividades comerciales.

 

 

 

No faltaron contratiempos en el transcurso de la vida de Simón Ruiz. Las quiebras en cadena, producidas en Sevilla a partir del verano de 1567, recortaron la evolución de la sociedad mercantil que había montado para actuar desde el puerto ligado a las Indias. Desplazado a la capital andaluza, logró reducir pérdidas, aunque ya abandonó la aspiración a extender a gran escala sus negocios con América.

El embajador de Espa√Īa ante la Corte francesa, Juan de Vargas Mex√≠a, implic√≥ a Sim√≥n Ruiz en un caso de espionaje, coloc√°ndole en una situaci√≥n embarazosa. Nada menos que Felipe II zanj√≥ la cuesti√≥n, con una nota de su pu√Īo y letra, en el margen del documento acusatorio, en los siguientes t√©rminos: ‚ÄúLo que se dice de Sim√≥n Ruiz no me convence. Tanto a √©l como a su hermano se les tiene por hombres de bien‚Ķ‚ÄĚ.

 

HIP√ďLITO RUIZ L√ďPEZ

 

Nacido en Belorado, di√≥cesis de Burgos, el 8 de agosto de 1754, Hip√≥lito Ruiz realiz√≥ sus primeros estudios de latinidad bajo la direcci√≥n de su t√≠o, el sacerdote Basilio L√≥pez. A los catorce a√Īos viaj√≥ a Madrid para estudiar, como practicante de farmacia, bajo la tutela de su otro t√≠o, el farmac√©utico Manuel L√≥pez, con quien aprendi√≥ rudimentos de L√≥gica, F√≠sica experimental, Qu√≠mica y Farmacia. Estudi√≥ Bot√°nica en el Jard√≠n de Migas Calientes, bajo la direcci√≥n de Casimiro G√≥mez Ortega y Antonio Palau Verdera.

Hip√≥lito Ruiz se form√≥, creci√≥ y madur√≥ a la sombra de su t√≠o pol√≠tico, Casimiro G√≥mez Ortega; como √©l, entendi√≥ que la Ciencia -la Bot√°nica en particular- era una √ļtil herramienta con la que acceder al poder, e hizo uso de ella. Su viaje expedicionario americano le sirvi√≥ para introducirse en los c√≠rculos de la Real Academia de Medicina, donde brind√≥ a G√≥mez Ortega un apoyo incondicional, y para intentar establecer algunos monopolios personales sobre los productos naturales americanos con utilidad terap√©utica; Hip√≥lito Ruiz se convirti√≥ en la figura espa√Īola de referencia en lo relativo a la investigaci√≥n farmacol√≥gica con vegetales ultramarinos. Su entronque familiar con G√≥mez Ortega le facilit√≥ el abrir 'botica p√ļblica' y participar, siempre a la sombra de Ortega, en la organizaci√≥n profesional farmac√©utica.

 

 

 

En abril de 1777, con apenas veintid√≥s a√Īos y tan parca formaci√≥n, recibir√≠a, a trav√©s de G√≥mez Ortega, el encargo regio de dirigir una expedici√≥n cient√≠fica a la Am√©rica meridional; ir√≠a acompa√Īado de otro joven espa√Īol, Jos√© Pav√≥n, dos dibujantes -Jos√© Brunete e Isidro G√°lvez- y un m√©dico de nacionalidad francesa, Joseph Dombey. La elecci√≥n de Hip√≥lito Ruiz, y la de los otros expedicionarios espa√Īoles, no debi√≥ ser nada f√°cil; en reiteradas ocasiones se ha puesto de manifiesto la premura con que hubo de gestarse este primer gran proyecto expedicionario ilustrado. Cabe pensar en una etapa de formaci√≥n intensiva para los bot√°nicos, desde su nombramiento oficioso, propiciado por C. G√≥mez Ortega, en noviembre de 1776 hasta el momento de partir hacia Am√©rica un a√Īo despu√©s.

El viaje desde la Corte al puerto de C√°diz transcurre con normalidad; en C√°diz embarcaron a bordo de "El Peruano", tras seis meses de navegaci√≥n, en los inicios de abril de 1777, arribaron al puerto de El Callao. Lima, la capital del Virreinato, recibi√≥ a los viajeros europeos con los lujos y agasajos de una Corte; las recepciones coparon el mes de abril. A comienzo de mayo dan inicio los trabajos de herborizaci√≥n, primero en las proximidades de Lima; luego trabajaron en las provincias costeras del norte del Per√ļ, Huaura y Lur√≠n, donde acuden, como acostumbra la alta sociedad lime√Īa, a disfrutar de su benigno clima y de la frondosidad de su valle.

La actividad de estos europeos, cuidadosamente acicalados, pero recorriendo a pie los campos con las carpetas debajo del brazo para recoger plantas, llam√≥ poderosamente la atenci√≥n de los naturales, no acostumbrados a tales ejercicios. El pueblo acu√Ī√≥ para ellos el nombre de "brujos yerbateros", con el que se les reconocer√° desde entonces.

En diciembre de 1781 todo el equipo expedicionario parte hacia un nuevo destino, Talcahuano, en Chile. Atracaron en Talcahuano el 30 de enero de 1782, all√≠ estaba la escuadra espa√Īola y Ambrosio O'Higgins, Mariscal de Campo y Gobernador en funciones de la provincia, quien les ofrece todas las facilidades para el trabajo.

En mayo de 1784 la investigación se centrará en los bosques de quinos, se herborizará menos, pero se estudiarán, con mucho detenimiento, durante largos períodos, en contacto directo con los cascarilleros, la forma de beneficiar el producto y los distintos tipos de árboles. En este trabajo invirtieron los expedicionarios el período comprendido entre mayo de 1784 y octubre de 1787.

 

El 31 de marzo de 1788, Ruiz y sus compa√Īeros embarcaron en El Callao con destino a C√°diz. El 12 de octubre de 1788 los expedicionarios atracan en C√°diz, en esta ciudad permaneci√≥ Ruiz durante diez d√≠as a causa, una vez m√°s, de su fr√°gil estado de salud. Pav√≥n e G√°lvez salieron hacia Madrid el 18 de octubre; unos d√≠as despu√©s lo har√≠a H. Ruiz, acompa√Īando a las plantas. El 16 de diciembre Ruiz entraba en Madrid, donde fue recibido por su t√≠o y por Casimiro G√≥mez Ortega. De este modo acababa una aventura que los expedicionarios vivieron marcada por las penalidades, la adversidad, la enfermedad y la muerte.

A su regreso a la metr√≥poli, como soluci√≥n coyuntural, los expedicionarios fueron agregados al Real Jard√≠n Bot√°nico, aunque nunca quedaron integrados en su cuerpo laboral, de modo que el trabajo desempe√Īado por √©stos se desarroll√≥ de manera paralela a las actividades de esta instituci√≥n.

En agosto de 1792, cuatro a√Īos despu√©s de su regreso, Ruiz y el resto de los expedicionarios disponen de una sede propia para la "Oficina de la Flora Americana", cuyo objetivo central ser√° la edici√≥n de una Flora Peruviana et Chilensis, de la que, en vida de sus autores, vio la luz un Prodromus. (Madrid, 1794) y los tres primeros vol√ļmenes de la obra (Madrid, 1798-1802), firmados conjuntamente por Hip√≥lito Ruiz y Jos√© Pav√≥n. No obstante, el car√°cter utilitario que G√≥mez Ortega imprimi√≥ al proyecto, hizo que √©ste se decantara hacia la utilidad terap√©utica y comercial de los vegetales americanos; no en vano el primer resultado publicado de esta Expedici√≥n fue una Quinolog√≠a. (Madrid, 1792), firmada s√≥lo por Hip√≥lito Ruiz, prontamente traducida al italiano (Roma, 1792) y al alem√°n (G√∂ttingen, 1794) y, parcial y posteriormente, al ingl√©s (Londres, 1821).

Adem√°s de su trabajo en la "Oficina de la Flora Americana", Hip√≥lito Ruiz supo dar nuevos derroteros a su vida profesional. Apenas un a√Īo despu√©s de llegar a Madrid tras la experiencia americana, el 5 de febrero de 1790, obtuvo el t√≠tulo de boticario por el que se le permit√≠a "asentar y poner su botica p√ļblica"; √©sta se ubic√≥ en Madrid, en la calle Encomienda esquina a Mes√≥n de Paredes. Su nueva profesi√≥n, y el continuo apoyo de G√≥mez Ortega, le hicieron tomar parte muy activa en la vida corporativa farmac√©utica; entre 1798 y 1806 ocup√≥ el cargo de primer secretario del Colegio de Boticarios de Madrid; en 1814 fue nombrado Visitador de Boticas de Madrid; con anterioridad hab√≠a rechazado el nombramiento, ofertado en 1809 por el Gobierno intruso, de Examinador Supernumerario del Consejo de Sanidad; pese a ello, su nombre figur√≥ en la relaci√≥n elaborada por Jos√© Bonaparte como adecuados para ejercer la ense√Īanza de la Bot√°nica.

Hipólito Ruiz falleció en Madrid, en 1816, a consecuencia de un derramamiento masivo de sangre por las fosas nasales.

 

RAIMUNDO DE MIGUEL Y NAVAS

 

Naci√≥ el 15 de marzo de 1816 en la villa de Belorado (Burgos). Estudi√≥ Filosof√≠a y Teolog√≠a y en 1838 obtiene el t√≠tulo de profesor de Humanidades y m√°s tarde, por oposici√≥n, una c√°tedra de Ret√≥rica en el colegio de Ordu√Īa (Vizcaya) y otra an√°loga en Castrojeriz (Burgos). En 1846 fue nombrado catedr√°tico de Lat√≠n y Castellano en el Instituto de Segunda Ense√Īanza de Burgos ocupando en el mismo centro, a partir de 1856, la c√°tedra de Ret√≥rica y Po√©tica. En 1861 se traslada a Madrid a impartir esta misma asignatura como Catedr√°tico en el Instituto de San Isidro.

En el ejercicio de su cargo durante cuarenta a√Īos alcanz√≥ una gran reputaci√≥n, pero fueron las publicaciones de sus doctas obras literarias las que le dieron un renombre que a√ļn se mantiene en la actualidad, debido fundamentalmente a su obra m√°s c√©lebre, el Nuevo Diccionario Latino-espa√Īol etimol√≥gico. Hasta julio de 1867, fecha en la que se presenta el diccionario, no exist√≠a en Lengua Espa√Īola un compendio tan exhaustivo de la lengua de la antigua Roma. Conocido como el ‚Äúde Miguel‚ÄĚ este libro sigue siendo una obra de referencia fundamental para todos los estudiosos de la lengua latina y los meros interesados en la etimolog√≠a de la lengua castellana. Otras obras suyas, aunque menos conocidas, siguen gozando de validez como obras de consulta en gram√°tica castellana y latina, ret√≥rica y po√©tica o filolog√≠a. Tambi√©n escribi√≥ libros de poes√≠a y f√°bulas morales.

 

 

 

Sus Obras:

ÔāßCurso pr√°ctico de latinidad o Colecci√≥n de piezas escogidas de los Cl√°sicos Latinos, dispuestas en orden conveniente, e ilustradas con notas y comentarios por... (1859)

ÔāßAparici√≥n de la Sant√≠sima Virgen del Pilar de Zaragoza al Ap√≥stol Santiago, patr√≥n de las Espa√Īas. (1863)

ÔāßNuevo diccionario latino - espa√Īol etimol√≥gico. (1867 reeditado en 2001)

Ôāß Colecci√≥n de piezas literatias selectas. Latinas y Castellanas, mandada formar y anotar de Real Orden para uso de las clases elementales de lat√≠n y castellano de los establecimientos p√ļblicos del Reino. Raimundo de Miguel y el Marqu√©s de Morante (1868).

ÔāßF√°bulas morales escritas en variedad de metros por... (1874)

ÔāßPoes√≠as de Don Raimundo de Miguel. (1877)

Ôāß(1895) Exposici√≥n gramatical, cr√≠tica, filos√≥fica y razonada de la ep√≠stola de L. Horacio Flaco √° los Pisones sobre el arte po√©tica. (1877)

ÔāßElementos de mitolog√≠a, ritos y costumbres de los antiguos Romanos, y nociones elementales de ret√≥rica y po√©tica. (1899)

ÔāßGram√°tica hispano-latina, te√≥rico-pr√°ctica para el estudio simult√°neo de las lenguas latina y castellana comparadas. (1900)

ÔāßGram√°tica elemental de la lengua castellana para uso de los ni√Īos que concurren √° las escuelas de instrucci√≥n primaria dispuesta bajo un m√©todo f√°cil y sencillo. (1901)

ÔāßCurso elemental te√≥rica-pr√°ctico de ret√≥rica y po√©tica acomodado √° la √≠ndole de los estudios de 2¬™ ense√Īanza.

 

Falleci√≥ en Madrid, a los sesenta y dos a√Īos, el 27 de marzo de 1878.

 

FELICIANO MANUEL VITORES

 

 

Manuel Feliciano Vitores era natural de Belorado. Empresario audaz, aunque injustamente olvidado, su nombre est√° escrito con letras de oro en la historia del cine espa√Īol.

Gracias a √©l se realiz√≥ la primera pel√≠cula sonora del celuloide patrio, ‚ÄúEl misterio de la Puerta del Sol‚ÄĚ. Adem√°s, obra en su curr√≠culum la autor√≠a del primer mon√≥logo de humor -hoy convertido en todo un g√©nero- nunca antes grabado: el protagonizado por el irrepetible Ram√≥n G√≥mez de la Serna que hoy.

En 1927, el norteamericano Lee de Forest hab√≠a aterrizado en Europa con un sorprendente artilugio bautizado Phonofilm, mediante el cual se hab√≠a proyectado, con un √©xito inenarrable, la pel√≠cula The Jazz Singer. El impacto de este filme, el primer sonoro de la historia, supuso una revoluci√≥n. Durante su visita a Espa√Īa, De Forest hizo unos pocos pases privados, siendo Primo de Rivera uno de sus privilegiados espectadores. Antes de regresar a Estados Unidos, el yanqui tuvo la fortuna de hacer caja vendiendo el invento a tres industriales: Enrique Urazandi, Agust√≠n Bellapart y Feliciano Manuel Vitores, quienes se asociaron en la empresa Hispano de Forest Fonofilm.

La adquisici√≥n les otorgaba las patentes del invento en Espa√Īa y Portugal, sus derechos durante diez a√Īos y la posesi√≥n de un paquete de pel√≠culas. Con el centro de operaciones en Barcelona, donde se crearon unos estudios, la sociedad an√≥nima decidi√≥ dar a conocer el Phonofilm de forma itinerante por toda Espa√Īa: Madrid, Burgos, Bilbao, San Sebasti√°n, Barcelona o Logro√Īo fueron algunas de las ciudades en las que se exhibi√≥ el milagroso aparato. Sin embargo, la compleja instalaci√≥n y el arcaico funcionamiento del aparataje convirtieron cada exhibici√≥n en un desastre. Las cr√≠ticas fueron dur√≠simas. Y aunque las giras continuaron, la empresa entr√≥ en crisis, precipit√°ndose su liquidaci√≥n.

Sin embargo, el empresario beliforano no se dio por vencido y decidi√≥ quedarse como √ļnico propietario. Ya entonces ten√≠a en mente la √ļnica salida posible para remontar la situaci√≥n de la Hispano de Forest Fonofilm: la producci√≥n de un largometraje sonoro en espa√Īol.

Vitores logr√≥ reunir un importante suma de dinero (18.000 pesetas) y contrat√≥, como director y guionista, a un onubense: Francisco El√≠as, que ya hab√≠a dirigido varias pel√≠culas mudas. El elenco de actores fue asimismo importante: el actor de moda Juan de Ordu√Īa (quien a√Īos m√°s tarde ser√≠a director), Teresa Penella, Anita Moreno, Jack Castello y Antonio Barber. Entre octubre y noviembre de 1929 se rod√≥ la pel√≠cula. Los exteriores, claro, en la Puerta del Sol y en la Gran V√≠a; los interiores fueron filmados en un hotel propiedad del industrial beliforano en la Ciudad Lineal as√≠ como en los talleres de dos peri√≥dicos: el Heraldo de Madrid y El Liberal.

El misterio de la Puerta del Sol narra la rocambolesca historia de Pompello Pimpollo (Juan de Ordu√Īa) y Rodolfo Bambolino (Antonio Barbero), dos linotipistas que prueban suerte como actores durante la visita a Madrid del director Edward S. Carawa (Jack Castello) y su estrella, L√≠a de Golfi (Anita Moreno). Al ser rechazados, traman fingir la muerte violenta de uno de ellos con el fin de llamar la atenci√≥n. Sue√Īos, cr√≠menes, deseo... El gui√≥n del pel√≠cula ha sido considerado como ‚Äėbueno‚Äô, si bien el √©xito cosechado por la cinta fue nulo debido a las numerosas deficiencias. La pel√≠cula se estren√≥ en el Coliseo Castilla de Burgos un a√Īo despu√©s, en enero de 1930. Quiz√°s por la condici√≥n de burgal√©s del productor, la cr√≠tica fue ben√©vola.

¬ęLa sincronizaci√≥n conseguida es perfecta; la palabra se corresponde exactamente con los movimientos de los labios. La amplitud precisa de los sonidos es algo m√°s dif√≠cil de conseguir (...) La lucha que el se√Īor Vitores ha emprendido por la producci√≥n espa√Īola de la pel√≠cula hablada es digna de aliento y est√≠mulo, y el rasgo de ofrecer a Burgos la virginidad de su primera obra es de agradecer y de aplaudir¬Ľ (Diario de Burgos). Lamentablemente, no sucedi√≥ lo mismo en otras ciudades. El fracaso fue estrepitoso y llev√≥ a la ruina al beliforano.

 

A comienzos del a√Īo 1995 la Filmoteca Nacional hizo p√ļblica su nueva adquisici√≥n. Se trataba de una copia de El misterio de la Puerta del Sol que se cre√≠a desaparecida pero que hab√≠a permanecido oculta en cuatro latas met√°licas ostensiblemente oxidadas en un desv√°n de la casa de los herederos de Vitores en Belorado. Convenientemente rehabilitada, la pel√≠cula de nitrato recobr√≥ la vida, permitiendo as√≠ la posibilidad de estudiar los or√≠genes del cine sonoro en Espa√Īa. Una aventura in√©dita y maravillosa.

 

 

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