Belorado

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Murallas de Belorado

Murallas de Belorado
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Localidad: Belorado

Muy pocos vestigios quedan del cerco de Belorado.

Génesis urbana de Belorado

Tradicionalmente, la extensión urbana estuvo limitada al Oeste por el cauce molinar del río Tirón y al Este por la cuesta del Castillo, a cuyos pies discurre, a modo de foso natural el río Verdeancho.

Con el establecimiento de una población asentada en un primer momento en torno al castillo, probablemente a finales del siglo IX y primero del X, fue preciso fortificar el recinto con murallas. Para ello se emplea el espacio del río Verdeancho, sobre el que se establece el perímetro de la villa, aprovechando las condiciones geográficas del entorno que proporcionan un foso natural defensivo a la población.

En un segundo momento, bajo el reinado de Alfonso X, se reestructura la población, siendo considerado como un hito clave en la génesis urbana de Belorado. Ordenó abandonar la antigua puebla y trasladarse junto al Verdeancho, bajo la protección del Castillo. De ésta manera se obligó a su vez a la aljama judía a concentrarse en el barrio de la Cal Nueva, al otro lado del riachuelo. Es bajo el reinado del citado monarca cuando  algunos autores consideran probable que fuera levantadas las murallas, recnstruidas después a finales del siglo XIII tras destruir la villa el conde don Alvaro Núñez.

Parecen evidenciarse diversas fases en el proceso de consolidación urbano. El núcleo altomedieval debió establecerse en el extremo Nordeste, en relación con la parroquia de San Nicolás, que era la más antigua de la villa. Estaba constituido por el barrio de éste nombre que se define como un núcleo en forma de proa limitado por las calles del Olmo y las Herrerías. A partir del siglo XII, tras la concesión del fuero y el auge del  camino de peregrinación, el caserío fue extendiéndose hacia el Sur.

El barrio Norte sería paulatinamente abandonado ante la mayor vitalidad de la zona Sur, dinamizada por el camino jacobeo. Así, durante la Baja Edad Media y al siglo XVI la expansión de la villa, apoyada en su estratégica posición caminera y en la importancia de sus ferias y mercados, se plasmó en la proyección del caserío hacia el Oeste, en torno hacia el espacio mercantil de la Plaza Mayor, barrio de San Pedro, calle San Martín, etc. En éstos momentos queda definida la extensión y los límites del núcleo, a través del cinturón de la muralla, que no variará hasta el siglo XX.

En la Edad Moderna su trazado fue reducido al eliminarse el tramo que bajaba desde la torre del homenaje por la cuesta del cerro y el arco de Santa María, limitando el caserío a partir del Verdeancho. A mediados del siglo XVIII así era su disposición: desde el extremo sur, formado por la actual calle del Juego de Pelota, subirá por la calle de Las Cercas, en recuerdo de su origen, continuaría por el límite interior de la Carretera de Haro doblando en al calle del Postigo ara discurrir, en este tramo, paralela al Verdeancho.

Desde el último tercio del siglo XVIII las reformas propugnadas por el Gobierno Ilustrado para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, bajo criterios de eficacia y recionalidad, imponen la supresión de las murallas. En las décadas cenrales del XIX, solo se conservaban algunas pocas varas en la enrada de San Francisco y Barrio Nuevo donde, aún hoy en día, podemos cnemplar algún vestigio. 

En cuanto a los accesos sabemos que a mediados del Setecientos, existían cinco puertas y diferentes postigos. el arco principal era el de San Francisco situado frente el antiguo convento del que toma su nombre, en la actual calle Martínez del Campo. Desde él se hacía la entrada directa a la villa mediante una de las bocacalles de la Plaza Mayor, efestuéndose la salida por la puerta de San Martín en la calle de Barrrio Nuevo.

Había otras entradas que responden  a las necesidades funcionales de la población. Así, nos consta la existencia de la puerta de San Nicolás, junto a la iglesia del mismo nombre, que permite la penetración al núcleo pr el noroeste. En el límite noroccidental documentamos diferentes puertas y postigos dispuestos de forma radial que conducían al camino de los Molinos. De ellas podemos  citar la de San Juan que cerraba la Plazuela del Olmo.

En el sureste tenemos referencia a dos entradas: la que limitaba la calle Mayor e relación con el camino de la ermita de Nuestra Señora de Belén y la llamada puerta de la Caldera, actual calle Juego de Pelota, que comunicaba con el Barrio del Corro. En su conjunto se definían or su carácter funcional destacando los arcos de San Francisco y San Martín que , al ser los accesos principales a la villa, conllevaban una notable carga represantativa. Quizá por ello permanecieron en pie gran parte del siglo XIX.

Es a partir de los últimos años del siglo XIX y especialmente durante el siglo XX cuando Belorado experimente un fuerte incremento en el número de viviendas construidas. Sin embargo no será  hasta la segunda mitad del siglo XX cuando se rompan los límites del perímetro amurallado, perfilada en un área de expansión que se articula por el eje viario de la carretera Logroño-Burgos. Ésta vía de comunicación se convertirá en el nuevo eje de su desarrollo urbano, situando en sus márgenes nuevos servicios comerciales e industriales, relegando a un segundo plano a la zona tradicional. 

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